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Una final por el ascenso se vive con los nervios traducidos en dolor
de cabeza y ronroneos en el estómago con amenaza de salir en
cualquier momento. El tráfico antes del partido está a todo lo que
da, mientras que la ciudad se queda en silencio en cuento comienzan
los primeros 90 minutos. Quedamos todavía más callados en cuanto
caen los dos goles en contra. Se acaba la primera parte y queda la
de esperanza de que la segunda mitad será distinta. El León trata y
no puede. Da la impresión de que puede caer el tercero del Corre al
mismo tiempo que el posible primer gol verde. No llega. Maz pierde
la cabeza en dos ocasiones y se larga. Se va. El jugador que levantó
la copa el sábado pasado es el mismo que podría dejarnos otro año
más aquí. Nos quedamos mudos. Qué ironías de la vida. Qué ironía que
el verdugo, ahora de nuestro lado, podría volver a jugar en nuestra
contra. Tenemos un jugador menos, el que se había vestido de héroe,
hoy le volvió a pesar la playera para decir adiós. Melitón salva la
noche con una verdadera “mano santa”. Llega Nacho, Nacho González
sale de quién sabe dónde a brindar un suspiro de esperanza. En un
ataque de inspiración sube y remata. Es su gol. El León despierta.
El León vive. El León ruge. El gol siempre es esperanza. Nacho pone
otra vez la moneda en el aire. Maz había sido un valuarte
imprescindible en el torneo. No habrá más de Maz. Pero si algo ha
demostrado este equipo es algo muy simple: MAZ las metía porque
siempre tuvo quién se las pusiera. Cambiará sólo el hombre. Alguien
más meterá esos goles que nos haga olvidar la fatalidad que pudo
caer. Alguien más se vestirá de héroe. Hemos padecido esta historia
tantas veces que por eso hay que confiar en que ahora será distinta.
Este torneo nunca fue de un solo hombre. Esto es un equipo: EL LEÓN.
Tenía que pasarnos esta ironía para hacer más grande el ascenso.
¡MÁS DRAMA POR FAVOR!
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