
Por:
Abraham "Grillo" Delgado
abraham@verdiblanco.com |
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A Porta Gayola desde la 5.
Las Huellas del Ascenso.
Taquicardia con olor a final |
El León despierta. Hace como que ruge pero en realidad bosteza y
mete gol. Regresa a su cueva. El León duerme. Le empatan. Sigue
durmiendo y hasta ronca. Le hacen el segundo. Apenas abre los ojos
nuevamente y ya tiene tres tantos encima.
Antes del encuentro el corazón y el estómago se unen. Hay presión
por los nervios acumulados desde el silbazo final del sábado.
Comienza el partido. Cae el primer gol de los Verdes. El estrés
sale. Somos felices. Pensamos que por un momento ya se los “cargó el
payaso”. Nos equivocamos. Cae el empate, creemos que no pasa nada,
que todo es producto de una desconcentración. Viene otra, cae el
segundo. Todavía no nos reponemos cuando nos ejecuta un tercero. El
Universo nos da por muertos, sobre todo los poblanos. Ya nadie cree,
excepto los que hemos abrazado la pasión de este equipo. Termina el
primer tiempo.
En el vestidor, el “domador” Matosas, despierta a sus leones. Les
grita, les recuerda que por una razón muy especial el escudo del
equipo va en el corazón, sólo así entienden y reaccionan.
Comienza la segunda parte. El León abre los ojos, sale de su guarida
y viene un 3-2 en los primeros minutos que promete. El León ruge y
llega el 3-3. Pudo llegar el cuarto a favor de la esperanza
Esmeralda pero el destino quiere que todo se resuelva fuera de
Puebla. Estamos con la mano en el corazón sintiendo ese latido
incómodo, pero sobre todo, con una confianza reprimida que se vuelve
el motor que desde lejos alienta a nuestro equipo, sabemos de lo que
es capaz y así lo demuestra. Cae el segundo gol y nos emocionamos.
Llega el empate, esto es un orgasmo colectivo. Esto es una locura.
La ciudad grita al mismo tiempo la anotación. Estamos seguros que la
voltereta no tardará, ésta nunca llega. Pero al final, la
taquicardia vale la pena. Lobos BUAP nunca fue superior al León.
Simplemente, los verdes cometieron en pocos minutos los errores que
joden toda una temporada. Matosas, muy listo, aprendió la lección.
No volverá a suceder y sobre todo. Esta historia se escribirá en
nuestra cancha. Donde el amor a un equipo pesa hasta el final.
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