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NO debería emocionarme pensando que el León eliminará sin problemas al Correcaminos el próximo sábado para enfrentar en la final al Lobos BUAP, y nuevamente a los tamaulipecos para repetirles la dosis y lograr el ansiado ascenso. NO debería dejar que mi imaginación volara mucho más allá de lo que pueda suceder este fin de semana. NO debería caer en la soberbia de dar por hecho que los próximos cinco partidos servirán de tapete para que los esmeraldas tengan un campeonato perfecto, sin un sólo juego perdido. NO debería creer que este plantel verdiblanco hará historia y será recordado por siempre como el equipo que vino a romper con un maleficio injusto. NO debería soñar con el silbatazo final de la noche del sábado 12 de mayo después de las 10, gritando y festejando por las calles, ondeando banderas, y festejando el regreso a la Primera División. NO debería ilusionarme creyendo que ahora sí es la buena, que ya nos la merecemos, que 10 años es mucho tiempo intentando sin lograr nada. NO debería “futurear” que el León enfrentará en el próximo torneo a rivales como el América, Cruz Azul , Chivas, etc., y bla bla bla…NO debería divagar en la idea de que estamos en cuenta regresiva, precisamente, para regresar. NO debería incitar a otros a esta locura colectiva llamada pasión por el León. NO debería contagiar este exceso de optimismo. NO debería de conmoverme por lo que todavía no pasa. NO debería olvidar que aún no tenemos nada y que todo puede desmoronarse en un capricho del destino. NO debería perder el piso creyendo que todo lo que sigue es pan comido…NO DEBERÍA, es cierto, pero no puedo. No puedo dejar de soñar, vibrar y sentir; no puedo dejar de creer que este es el mejor León de hace muchos muchos años, y aunque eso no es garantía absolutamente de nada, este León tiene el voto de confianza de una afición que nuevamente está ilusionada y emocionada por lo que viene, aunque lo que venga siga siendo de pronóstico reservado.
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