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La emoción es incontrolable. Cuatro partidos para conseguir el ascenso, ¡CUATRO!...Tita ya no está, Tita nos hizo el favor de ser fiel a su estilo hasta caer en la condena de quedar fuera de la final con todo y Necaxa en plena feria de Aguascalientes. Si al inicio del campeonato alguien me hubiera dicho que el León estaría en la liguilla peleando el boleto para la Primera División, no se me hubiera hecho algo extraño, pero si me hubiera comentado la posibilidad de que el finalista de este torneo serían los Lobos BUAP, jamás lo hubiera creído. Me duermo feliz con la ilusión de que el miércoles hay juego en Puebla y que seguramente estaremos festejando un campeonato que servirá como antesala de los últimos pasos que faltan por recorrer en este tortuoso camino. Diez años son nada cuando faltan pocos días para que se defina el destino de los verdes. Duermo, no controlo mis sueños y por consiguiente tampoco mis pesadillas. De repente, inmerso en la profundidad de mis ronquidos, llega una “Tutsi-pop” tamaño familiar que me persigue y ataca mientras corro por el Nou Camp, luego llega una galleta “Mamut” a defenderme. Todo va bien hasta que aparece mi peor pesadilla: Sergio “el millonario” Orduña, su cara es seria y esboza una siniestra sonrisa que me aterra Me mira, vuelve a sonreír y me cuestiona que si me acuerdo de él. Sigo en shock, no le respondo, pero inmediatamente me viene a la mente un flashback del 2008. Sergio Orduña, técnico de los Indios, el artífice que originó que nuestros esmeraldas sigan en esta liga, autor intelectual de aquella fatídica tarde en la que estaba lista la fiesta que nos arruinó en 45 minutos. Orduña sigue sonriendo. De repente, del túnel comienzan a salir los jugadores esmeraldas hasta colocarse frente a él. Orduña deja de lado la sonrisa. Traga saliva. Sabe que esta perdido. Despierto. Respiro, aquél León del 2008 no se parece ni en sueños al que es hoy, Lobos no es Indios y lo más importante: Sergio Bueno no es Gustavo Matosas.
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