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Ya es sábado. Estamos a nada de que inicie la final. Afortunados aquéllos que tienen su boleto para ver el juego y que serán parte del festejo. Disculpe usted si suena un poco presuntuoso este pronóstico a favor del León, claro que Lobos podría dar la sorpresa y aguarnos la fiesta, pero vale la pena pensar en positivo, inyectarnos de buena vibra y transmitírsela al equipo. Debemos dejar de lado esa dulce agonía a la que estamos acostumbrados para visualizarnos con ese medio boleto que seguramente esta noche conseguiremos. Hoy sólo queda ganar, no hay de otra. No hay espacio para los errores ni lugar para la desesperación. Estamos aquí una vez más por los méritos históricos acumulados. Hay que confiar, no confiarse. Para que haya un mañana hay que morirse en la cancha esta noche. Lobos no tiene nada que perder, a fin de cuentas ni ellos se explican cómo es que han llegado hasta estas instancias. Año tras año hemos visto cómo el guión de nuestra telenovela ha insistido en terminar en tragedia. Hemos arañado lo sublime para después caer hasta lo más profundo del desencanto. Hemos rozado la gloria para volver al fatalismo de la humillante realidad. Hemos sido víctimas de las mañas externas para quedar fuera, hemos creado “ídolos de barro” que después nos traicionaron, hemos sufrido todo lo que se puede sufrir. No hay tragedia que no conozcamos. Por eso hay que agradecer todo lo que hemos padecido, esa es la raíz de este vínculo Esmeralda que hoy nos esperanza de nuevo y nos pone a soñar en que estamos escribiendo una nueva historia, con un final dramático pero a nuestro favor. Llenaremos nuevamente el estadio para apoyar a los verdes mientras alimentamos con nuestras porras y gritos la soledad de los Lobos. Hoy no es sólo una noche más. Es nuestra noche. La noche del León. ¡Vamos equipo!.
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