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Caminamos del estacionamiento al estadio. Nos topamos con el autobús
de los Verdes. Les tratamos de brindar el apoyo que se necesita para
lograr coronarse esta noche. Las filas para entrar a cualquier
puerta son interminables. ¿Cómo cabe tanta gente en este estadio que
pudiera parecer pequeño pero crece y se ensancha cuando estamos
todos juntos? Entramos. Está lleno el Glorioso. Entre las dos bancas
de los equipos está una mesa cualquiera con un mantel, el mantel es
verde y encima tiene las dos copas, una la del campeón, el que podrá
disputar la final del ascenso la próxima semana, es un poco más
grande que la del subcampeón, la del segundo lugar, la copa que
nadie quiere ni necesita dentro de sus vitrinas, ser el primero
vale, lo demás no. Estamos todos, ya sólo hay espacio para el
espíritu Esmeralda de aquellos que no nos pudieron acompañar
físicamente en el Nou Camp. Los de Arriba cantan, tienen un gen
especial que les impide agotarse cada sábado que vienen a rugir.
Comienza el partido. Lobos viene a desesperar. No lo logra. Hoy
pedimos a Dios no el milagro sino la justicia. Nos la concede. Sale
la Luna. Los Lobos le aúllan, el León le ruge y la Luna se pone de
nuestro lado. Los Lobos se vuelven PUERCOS, se les revierte el karma
y se les van tres jugadores. La ventaja que se tenía se vuelve una
cascada de goles y nos volemos locos. Regresa el grito de ¡Vamos a
volver! Es inevitable, es incontrolable. Estamos pidiendo a gritos a
que llegue el pitazo final que nos haga llegar a la catarsis que
merecemos. Se acaba el partido. La fiesta programada se hace una
realidad. El festejo es mesurado. Matosas en su emoción se lleva a
todos con la Copa. Entendemos, Diez años en la mierda nos ha hecho
entender que no se ha ganado nada pero, pero hoy, gritamos León con
todas nuestras fuerzas y el Universo retumba. Hoy somos CAMPEONES.
Correcaminos, corre…porque te estamos esperando. Nos vemos el
próximo sábado aquí, donde dice José Alfredo, LA VIDA NO VALE
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