“Hay veces que para salvar nuestro pellejo hay
que decir una pequeña mentira blanca y piadosa” Anónimo
“Nunca se miente tanto como antes de las
elecciones, durante la guerra y después de la
cacería” Otto Von Bismark
"Y sobre el árbitro, división de opiniones: unos
se acordaron de su madre y otros de su padre"
José María García, periodista español.
Resulta realmente increíble que en pleno año 2012 nos declaremos
“INCAPACES” de convivir con los vecinos freseros (y viceversa, o
sease los freseros con los zapateros… nosotros) de manera
civilizada, y eso, sin nombrar que la cuestión de hacerlo PA CI FI
CA MEN TE, está directamente relacionado con la cantidad de policías
que son designados para intentar lograr un saldo “blanco”. Lo ideal
(UTÓPICAMENTE) o lo que en este caso equivale a una… mmm lo digo o
no lo digo?... pues lo digo: lo ideal. Que en este caso equivale a
una “chaqueta mental”, es que los aficionados verdes y freseros
pudieran convivir en “santa paz”… pero nanais!!
Dadas las condiciones ya mencionadas, a los aficionados no les queda
de otra más que el recurso de esconderse para “infiltrarse” en el
estadio rival; claro que eso pasa de acá pa´ allá y de allá pa´ acá.
Las técnicas son, en algunos casos, bastante ingeniosas y hasta
cómicas, pero eso sí, no dejan de tener un alto grado de peligro
derivado del riesgo que representa ser descubierto… chaaaaale!!!.
Aunque me declaro abiertamente en contra de que estas cosas sucedan
por ser casi necesarias, no puedo evitar una sonrisa tamaño familiar
cuando entro al estadio Sergio LEÓN Chávez (disfrazado de vendedor
de paletas de yougurt) y al ver hacia la tribuna que da a la calle
“grillito cantor” me encuentro con que por lo menos ya hay unos 40
“infiltrados” a los que admiro por su ingenio y valentía. Lo más
raro de todo, es que el juego empieza con 40 julanos que empiezan a
cantar y a brincar sin notarse en la mencionada tribuna, pero como
por arte de magia comienzan a multiplicarse, durante los 15 minutos
iniciales de partido los aficionados verdiblancos comienzan a
multiplicarse como gremlins en alberca y todos se unen a la bola
como si tuvieran cosquillas en el rancho… a brinque y brinque.
Muchos de estos “héroes” seguramente se sintieron a nada de ser
descubiertos, al final de cuentas son muchos los detalles que pueden
delatarlos: procuran no hablar para que no se les note el tonito
“cantadito”, meten sus manos a las bolsas del pantalón para que no
se vean las pulseras con el PRECIOSO escudo verdiblanco y sus 5
estrellotas (algunas recién compradas a Paco Vela); hacen circo,
maroma y teatro para poder introducir la camisa verde al estadio, ya
que deben metérsela entre los… los… los “gumaros” (los que usan…o
tienen… ups!!) y/o cubrirla con una camisa de otro color. Los
hombres se ponen por encima una playera o camisa color azul, o
blanca, o café, no sé, mientras que las féminas optan por colores
como el morado, el rosa o colores que solo ellas conocen como el
“fiusha” o el “fiusha jaspeadito”. Para lograr el objetivo… todo se
vale.
Claro que si la entrada al estadio resulta toda una odisea, ya
podrán imaginarse la salida!!! Conozco casos en que se les ha
ocurrido usar escudos humanos al convertirlos en “freseros de
utilería”.
Ojalá todo esto fuera diferente, ojalá esto cambie y pase “pronto”,
pero mientras se llega ese día, yo no puedo evitar la sonrisa
socarrona que me provoca saber que a diferencia de otros años,
cuando nos reprimieron terriblemente, son más mis verdes colados
allá, que los rojos colados acá; esto es un sentimiento bastante
simplón, pero no lo puedo evitar, vaya un abrazo para todos esos que
se colaron con la verde pegada a la piel, “debajo de su piel” y/o
por qué no decirlo…: como una segunda piel.
Besos bye cáiganle
PD: los hicimos “nuestros”… otra vez.
PD: este equipo tiene alma!!! Sangre!!! Y HUE…SOS.
PD: Gracias GO-GO, por ser por unos minutos nuestro fresero de
utilería… te debemos la vida.