Sección Especial.
León: el quipo de
mis amores.
El sentir antes del partido de la
final de vuelta de ascenso.
Por:
Sandor Kornhauser Aburto
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Quisiera expresar en esta nota lo que ha
sido el León los últimos años, pero creo que sería demasiado
extensa. Pero si bien, voy a declarar lo que ha sido la última
temporada, para ser preciso, estos últimos seis meses.
Basta con echar un vistazo a los números: catorce juegos jugados,
diez victorias, cuatro empates, ningún tropiezo. Cuarenta y un goles
a favor por trece en contra que nos da una diferencia de más
veintiocho. La suma de todo esto se concluye con una efectividad un
poco mayor al ochenta porciento, sin mencionar que en las filas del
quipo se encuentra el actual campeón de goleo que para muchos es
ahora el “villano”, Sebastián Maz, que ha clavado dieciocho pepinos
en la actual temporada.
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Evidentemente no puedo comparar la liga de ascenso del “fantástico y
competitivo” futbol mexicano con las grandes ligas europeas como la
española o la inglesa, y menos comparar al Club León con el equipo
más espectacular del mundo, el Barcelona, pero creo que el profesor
Gustavo Matosas ha hecho una excelente labor. El uruguayo fue
nombrado técnico del equipo en Enero del presente año y ha sido
capaz de que muchos de nosotros, los verdiblancos de corazón,
volviéramos a soñar con la primera división, algo que se veía
imposible por todas las decepciones pasadas.
A lo mejor el León nunca será futbolísticamente superior a algún
club europeo, pero esta temporada demostró ser superior a todos los
de la liga de ascenso. Es casi imposible pensar que León pudiera
vencer a uno de los grandes del viejo continente, pero estoy seguro
que en afición es más grande que muchos, basta con decir que hubo
personas que terminado el partido del pasado sábado, se quedaron en
casas de acampar afuera de las taquillas durante tres noches para
hacerse de un boleto para la gran final de ascenso, que en mis
palabras sería mejor dicho: el partido más importante en diez años.
Basta con decir que sólo el Monterrey tuvo promedios de asistencia
mayores que los del León en todo México. Yo me pregunto: ¿Dónde
están los “grandes” del futbol mexicano? Por esto mismo, me atrevo a
decir que León es un grande, la grandeza no sólo se mide en el
número de estrellas, sino en el número de verdaderos hinchas que
siguen al club, a los hinchas que cada sábado llenan el Nou Camp y
no dejar de alentar al equipo. Muchos me pueden conocer como un
seguidor más de los verdes, muchos otros tal vez no tienen ni idea
de mi pasión (que a mi parecer creo que son pocos). Tengo dieciséis
años y no falto desde hace trece al estadio pero, no es necesario
gritar a los cuatro vientos que eres fanático, un verdadero
aficionado se dedica a alentar y no a fanfarronear.
Es increíble como un equipo de futbol puede unir a una ciudad y sin
embargo Matosas y su equipo lo lograron, nos unieron. El León no es
el equipo del siglo ni lo será. Pero para muchas personas es el
equipo de su corazón y es lo que importa que la gente lo quiera, no
lo que expresen los expertos, sin embargo, para mi es todo un
orgullo que el equipo de mis amores se haga acreedor de portadas y
notas en importantes cadenas televisivas y periódicos nacionales.
El club cuenta con un equipo modesto, formado de jugadores de poco
“nombre” pero que cada fin de semana salen a romperse la madre,
jugadores que, en términos futbolísticos, sudan la camiseta. Tenemos
una clara muestra de garra con nuestros dos defensores centrales:
Nachito González y Oscar Mascorro, que pueden tener una técnica que
deja mucho que desear pero que dejan el alma en el terreno de juego.
Un “gallito” que no deja de correr en los 90 minutos o Sebastián Maz
que no da una pelota por perdida.
Después de una temporada que muchos pueden llamar perfecta, nos
encontramos aquí, sin más invicto con el primer tropiezo del año que
para muchos fue: “Ya me se este cuento”, “Siempre es lo mismo”, “No
hay año que no se vendan”, etc. Y peor aún: “Sebastián Maz es un
vendido”. Y he aquí el colmo de colmos, dos frases que cada vez que
las escucho me da un coraje enorme: “A los dueños les conviene que
León este en la liga de ascenso” y “León no va a ascender hasta que
la gente deje de ir al estadio”, después de escuchar esto, me siento
más tranquilo pues reflexiono y llego a la conclusión de que las
personas que me lo dicen jamás se han parado en el estadio (tal vez
llevan meses sin hacerlo) o personas que sencillamente no saben lo
que es un balón de futbol. Pobres ilusos. Quiero aclarar
tajantemente estos dos mitos que es muy común escuchar.
¿Cómo es posible que a los directivos les convenga tener al Club
León en liga de ascenso cuando ni con los patrocinios ni con el
dinero de las entradas que los aficionados pagan cada quince días
les alcanza para pagar la quincena de los jugadores? El club tiene
que sacar de su bolsillo cada mes para poder mantener no sólo a
jugadores sino a cuerpo técnico e instalaciones del primer equipo y
de todas las categorías inferiores. El verdadero negocio esta en la
primera división. Al responder la primer pregunta creo que contesto
la segunda, de nada serviría que los verdaderos aficionados
dejáramos de ir al estadio por el simple hecho de que una bola de
villamelones nos lo pidiera. Aquí aparecen este tipo de personas que
me dan tanta repugnancia: los famosísimos villamelones, personas que
en la jornada uno ni siquiera sabían de la existencia de un equipo
de futbol en la ciudad, pero que en las últimas semanas se dejan ver
con su playera verde gritando con cerveza en mano en el estadio, y
haciéndose fama de que tienen el escudo tatuado en el corazón. Así
hay gente, forman parte de la fiesta que se vive en la casa de los
verdes, y si, digo fiesta porque verdaderamente lo es. El ambiente
de la puerta cinco es una atmósfera de auténtica fiesta: la hinchada
cantando al ritmo de los tambores con las trompetas sonando de
fondo. Más de treinta mil aficionados cantando Caminos de
Guanajuato, como bien dice la canción en León Guanajuato la vida no
vale nada.
Volviendo al último partido, el marcador final quedo en un barato
2-1 a favor de los tamaulipecos, y digo barato porque bien nos
pudimos haber venido con un 4-1 en contra que hubiese parecido el
final de nuestro sueño. Sin duda el partido fue una pesadilla en la
cual al correcaminos le salieron bien las cosas, sin embargo,
perdonaron y bien dice el dicho que el que perdona pierde. Y ese fue
su error, nos dejaron vivos. Ignacio Rodríguez, director técnico del
cuadro naranja, seguramente se está lamentando por no haber sacado
una ventaja más amplia.
Del otro lado, el profe Matosas está más pensativo que nunca, y
tendrá que hacer varios ajustes al plantel para un mejor
rendimiento. Personalmente no logro entender porqué alineo al pollo
Salazar en una línea de cinco defensores, cuando la línea de cuatro
le había dado excelentes resultados. Al alinear al pollo tuvo que
dejar en el banquillo a Eisner Loboa, colombiano desequilibrante que
había hecho un gran trabajo los partidos anteriores. Lo rescatable
del encuentro de ida fue sin duda el hecho de traernos un marcador
adverso mas no imposible, y la actitud de garra de parte del Gullit
Peña, que aún estando suturado del pie tuvo las agallas para jugar.
En general esta actitud se dejo ver en todo el plantel. Respecto al
tema de Maz, fue una desconcentración y estoy seguro de que el es
más arrepentido en estos momentos.
En fin, en el próximo partido hay de dos sopas: ganar o ganar. El
sábado en lo personal pase lo que pase estoy seguro de tres cosas:
sea cual sea el resultado, de mi parte como de muchos otros
aficionados, habrá lágrimas. Sea cual sea el resultado en julio del
presente año en la jornada uno del apertura 2012, volveré a ver las
mismas caras en el estadio: los verdaderos seguidores verdes.
Pase lo que pase el próximo sábado, el Club León es un grande de
México.
Sandor Kornhauser Aburto
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